miércoles, 6 de abril de 2011

La historia de la dueña de L'Oréal, Liliane Bettencourt, la mujer más rica de Francia

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Protagoniza un escándalo que ya tocó al presidente Sarkozy y mezcla política y corrupción.

La mujer más rica de Francia es la dueña del emporio de cosméticos L'Oréal, pero tiene fama de discreta y prefiere no abusar del maquillaje. Ahora, Bettencourt protagoniza un escándalo que esta semana llegó hasta el Elíseo y que incluye a una anciana multimillonaria acusada por su propia hija de incapacidad mental, un fotógrafo con fama de vividor y hasta un mayordomo que graba clandestinamente las conversaciones de su patrona. Un guión que sería la envidia de Hollywood. Con 87 años y una fortuna valorada en 17.000 millones de euros, a esta mujer de bajo perfil le ha tocado lidiar durante los últimos meses con una avalancha de periodistas que pasan días y noches enteras apostados afuera de su mansión de los años 30 en el elegante suburbio de Neuilly-sur-Seine, en el área metropolitana de París. Su rutina -que incluía participar sólo de un acto social al año, la entrega del Trofeo Lancôme de Polo- dio un giro de 180 grados cuando su única hija, Françoise Bettencourt, le pidió al mayordomo de la dueña de la multinacional de cosméticos más poderosa del mundo que grabara sus conversaciones, y luego las presentó a la Justicia para denunciar a un amigo de su madre por tratar de dejarla sin herencia y para pedir que la señora fuera inhabilitada para gestionar su fortuna, por no estar en capacidades mentales de hacerlo. "Bettencourt es una mujer extremadamente discreta. Antes de este escándalo, sólo había dado una entrevista en 40 años. Pienso que todo esto la ha hecho sufrir mucho y que para ella es una humillación que su salud mental se convierta en objeto de debate público", le dijo a EL TIEMPO desde París Christophe D'Antonio, periodista y autor del libro 'La lady et le dandy: la véritable histoire du couple Banier-Bettencourt' (La lady y el dandy: la verdadera historia de la pareja Banier-Bettencourt). Nazismo y tuberculosis Liliane Bettencourt tuvo la buena suerte de ser la hija de un astuto químico, hijo a su vez de un panadero, que en 1907 se inventó el primer tinte capilar que llegó a las peluquerías de Europa y con eso sentó la base de lo que sería una de las mayores fortunas del mundo a finales del siglo XX. Pero la biografía de Eugène Schueller tiene una sombra poderosa y eso marcó la vida de Liliane para siempre. Apasionado de la política y la economía, el fundador de L'Oréal fue un reconocido colaboracionista durante la ocupación nazi, en la Segunda Guerra Mundial, y antes financió una organización secreta de extrema derecha. Huérfana de madre desde los 5 años, Liliane Bettencourt se apegó de manera casi obsesiva a su padre, a quien profesaba una admiración ciega. "Él me dejó una educación rigurosa, me inculcó el gusto por la vida y el sentido del esfuerzo. Aunque sólo sea por eso, lo bendigo", dijo algún día. Cuando cumplió 15 años, Schueller quiso que trabajara todas las vacaciones pegando etiquetas en los envases de los productos en una fábrica de la compañía, pero su plan se vio interrumpido cuando su hija tuvo que viajar a Suiza para curarse de una tuberculosis. Allí conoció al que sería su marido, André Bettencourt, político famoso por publicar en una revista abiertamente antisemita durante la guerra. Se casaron en 1950 y tuvieron sólo una hija: Françoise, la misma que la denunció en diciembre del 2007. De 'affaire' familiar a cuestión de Estado ¿Se quedará el fotógrafo vividor con la fortuna del imperio L'Oréal? ¿Será verdad que Bettencourt abrió decenas de cuentas bancarias en Suiza y no declaró la existencia de ese dinero para evadir impuestos en Francia, con la ayuda del entonces ministro de Presupuesto? ¿Por qué se retractó la ex contadora de la rica heredera, que un día aseguró que la campaña que llevó a Nicolas Sarkozy a la Presidencia recibió una donación ilegal de 150.000 euros, y al siguiente dijo que había sido tergiversada por los medios? Los franceses esperan responder esas preguntas cuando termine el juicio contra François-Marie Banier, que esta semana pasó de 'affaire' de revista de chismes a una cuestión de Estado. Banier es un buena vida de 62 años, escritor ocasional y fotógrafo de la alta sociedad cuyos retratos suelen aparecer en revistas como 'The New Yorker' y 'Vanity Fair', a quien la hija de Bettencourt acusa de aprovecharse de la senilidad y la falta de capacidades mentales de su madre para sacarle donaciones valoradas en 1.000 millones de euros, entre dinero en efectivo, cuadros de Matisse, Picasso y Man Ray y, dicen las malas lenguas, hasta una isla. Françoise ordenó grabar las charlas de su madre entre mayo del 2009 y mayo del 2010 para denunciar al que considera un gigoló empedernido, pero en el camino encontró conversaciones bastante comprometedoras de la anciana no sólo con Banier sino con el gestor de su fortuna, Patrice de Maistre, y con el notario de la familia, con quien habría acordado cambiar su testamento para incluir al fotógrafo. Las grabaciones, reveladas por el diario digital francés 'Médiapart', dejan saber que Bettencourt tiene 78 millones de euros en cuentas bancarias en Suiza y una isla privada en las Seychelles. Nada de eso había sido declarado a las autoridades francesas. El escándalo llega hasta el Elíseo pues las charlas dan a entender que el hoy ministro de Trabajo, Eric Woerth, del partido gobernante Unión por un Movimiento Popular (UMP, derecha), y su esposa Florence, que hasta hace pocos días trabajaba en la compañía que manejaba las cuentas de la heredera, sabían del fraude en la gestión de la fortuna. Peor aún, Woerth fue durante tres años el encargado de luchar contra la evasión de impuestos y los paraísos fiscales como ministro de Presupuesto de Sarkozy. El nuevo capítulo de la novela Bettencourt se escribió esta semana, cuando la ex contadora de la heredera de L'Oréal afirmó que Woerth, como tesorero del UMP, recibió de Maistre 150.000 euros en efectivo en el 2007, para financiar la campaña presidencial de Sarkozy. La legislación francesa no permite que los partidos reciban una donación superior a los 7.500 euros por año. Y aunque se retractó parcialmente, con el argumento de que sus palabras fueron tergiversadas y sacadas de contexto, sus explosivas declaraciones hicieron que la Justicia abriera una investigación preliminar sobre la supuesta financiación ilegal de la campaña del Presidente. Un poco despilfarradora "Soy muy consciente de haber regalado una parte de mi fortuna. Tengo los medios para ser libre de mis actos, todo lo que he regalado lo he hecho voluntariamente". Eso le dijo la anciana al diario 'Le Monde' hace unos meses. Bettencourt reconoce que muchas veces, y muchas personas, le han pedido dinero y que ella tiene un carácter un poco "despilfarrador". Pero se molesta cuando le insinúan que Banier se aprovecha de ella para quedarse con su fortuna. Los que la conocen dicen que sus escasas ganas de figurar la llevaron a no querer ocupar el cargo de presidente-director general de la multinacional presente en los cinco continentes, tras la muerte de su padre, en 1957. Aunque falta no le ha hecho. Siempre ha tenido el control de la empresa y su carácter osado la llevó a respaldar compras muy arriesgadas para su momento. Como la de Garnier, en los años 60. O la de Lancôme, Biotherm y Vichy. "Participo en todas las grandes decisiones", dice. Hoy, L'Oréal es dueña de más de 20 grandas marcas internacionales -entre ellas Maybelline, The Body Shop, Helena Rubinstein, Ralph Lauren, Armani, Diesel, La Roche-Posay, Kérastase e Yves Saint-Laurent Beauté- y en el 2009 facturó 17.473 millones de euros. '¿Por qué me odia?' Con serios problemas de audición -por los tratamientos que recibió cuando tuvo tuberculosis-, viuda desde el 2007 y víctima también del fraude de Bernard Madoff en Wall Street, Liliane Bettencourt considera a Banier su "hijo adoptivo". Ningún juez y ningún médico, en todo caso, ha podido demostrar que no esté en sus cabales. "Banier se convirtió en la persona más importante para Bettencourt desde finales de los 90. Pasaron mucho tiempo juntos, viajaron por el mundo (...) Él es exigente, está acostumbrado a vivir como un príncipe gracias al dinero de ella, que no sabe negarle nada. Pero ella tampoco se arrepiente de lo que le da y quiere que él sea su legatario universal, lo que significa que al morir, recibirá entre el 10% y el 20% de su fortuna. El 80% o el 90% está comprometido para su hija Françoise y sus dos nietos", le explicó a EL TIEMPO D'Antonio. En una carta que la anciana escribió en el 2007, poco después de la muerte de su esposo, Liliane le dice al fotógrafo: "Lo que ahora de verdad me interesa saber es por qué me odia. Mi hija, refugiada en las sonatas de Bach, ya ni siquiera me pasa la mano por el hombro". LAILA ABU SHIHAB REDACCIÓN INTERNACIONAL

Fuente: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-7798983

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